En números

Un amor en números, fue así: 

Dos veces te grite que te quiero, a través de la calle, porque no me escuchabas. (¿o será que no me escuchaba yo misma?).

Y otras dos veces más rehuí tus preguntas, esas que me pedían una sinceridad que yo no me atrevía a dar, y las contesté con otro signo de interrogación. (Porque la puntuación importa, veras.) 

Seis veces escribí mensajes de texto que no envíe por que delataban celos que yo no debía sentir; y una fue la mentira que tuve que inventar cuando uno de esos mensajes fue enviado por dedos nerviosos a los que se les ha revocado el permiso de escribir en la madrugada.

Equis número de veces te felicite por que saldrías con alguien y otro número no determinado me gané la desaprobación de mi madre cuando le pedía, entre puertas que están casi cerradas, que me dejará en paz. 

Un amor que se vive en números es amargo. Odiar las matemáticas, en la escuela y en la vida, es más fácil que tratar de encontrarle un resultado distinto a la misma suma de siempre.

 

Minientrada

El día que se inventaron los besos a nadie le preocupó no saber hacia donde inclinar la cabeza.

Antes de que la gente supiera que los rostros se podían acercar, el amor eran dos manos que se sostenían con delicadeza presintiendo que algo hacía falta pero no sabiendo que. 

Pero ese día la noticia se esparció (de boca en boca) y dos parejas se encontraron en esquinas casi oscuras con manos que, sin ser obsoletas, ya no eran suficientes. 

Quien asegura que con el tiempo las cosas cambian seguramente no vio, en sus mejillas sonrojadas y en las miradas de reojo, el mismo anhelo de las parejas que ahora acercan sus labios en los tiempos que vinieron mucho después del día en el que se inventaron los besos.

¿La ves?

Es perfecta, ¿la ves? Aquella que va
cruzando la calle mirándose los pies.

Esa que parece que sigue el mapa de un tesoro que no sabes cual es pero que ya quieres para ti. Que tiene un librito bajo el brazo con poemas que de seguro te dedicó sin conocerte.

Si esa, ¿la ves?. No me la vayas a confundir con esa que se atrevió a
romperte el corazón aquella vez. Te digo que esa: la que se cubre
los ojos del resplandor del sol, la que corre al carro bajo la
lluvia, la que siempre se acordaría te cumpleaños y te felicitaría
con un beso en la mejilla al despertar.

Allá va.
Se toma el café rapidito pero no la culpes que de seguro tiene algo
que hacer- A veces le presta más atención al celular que al libro
de poemas por que la inspiración solo le llega en los 140
caracteres de un tweet.

De seguro escucha buena música, ¿no?. Y sabe de política, y de poemas, y filosofa más de lo que bochinchea.

Pero y si no, ¿qué?. ¿Y si escucha música mala y sabe más de televisión que de política y poesía?

Si no es perfecta, ¿qué?.