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El día que se inventaron los besos a nadie le preocupó no saber hacia donde inclinar la cabeza.

Antes de que la gente supiera que los rostros se podían acercar, el amor eran dos manos que se sostenían con delicadeza presintiendo que algo hacía falta pero no sabiendo que. 

Pero ese día la noticia se esparció (de boca en boca) y dos parejas se encontraron en esquinas casi oscuras con manos que, sin ser obsoletas, ya no eran suficientes. 

Quien asegura que con el tiempo las cosas cambian seguramente no vio, en sus mejillas sonrojadas y en las miradas de reojo, el mismo anhelo de las parejas que ahora acercan sus labios en los tiempos que vinieron mucho después del día en el que se inventaron los besos.

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Quiero.

Quiero recordarte a casa.

Recordarte los días en el que el tiempo se media en las horas en las que pasabas jugando y no en los breves momentos que tenias para descansar. Aquel tiempo donde no saber nada no importaba y la curiosidad se premiaba con besitos por que era más fácil distraerte que tratar de explicar el universo. Quiero que cuando me mires veas las posibilidades que se formaban cuando aquel regalo envuelto debajo del árbol te tentaba  y  quiero ser  la chispa que hace te nazca, en las puntas de los dedos de los pies, ese cosquilleo que nunca sabes como contener.

Quiero recordarte a casa.

Que el olor a café que se me escapa entre los labios sea tu despertador y que  tu mano encuentre la mía cuando un trueno interrumpa el ritmo de nuestra canción favorita. Quiero que mis brazos sean el refugio que no sabías que buscabas en las noches en las que pensabas que la tristeza no te embargaría; inoportuna y no deseada.

Quiero recordarte a casa.

Que la familiaridad que se forma entre nuestras vidas sea lo que más disfrutas de cada día. Que nunca le pierdas las ganas a aprovechar cada oportunidad de robar un beso a escondidas, protegidos bajo la oscuridad de una película o en aquel momento en el que los que nos rodean miran hacia otro lado: como un niño que siente que roba una pastilla en medio de un cumpleaños. Quiero que me hagas sonrojar y que el carmesí en mis mejillas te recuerde por siempre la primera vez que salimos o el primer momento en el que te atreviste a decirme que podrías hacer esto de estar juntos para siempre.

Quiero recordarte a casa… Quiero ser tu casa.