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Señor, quizás me dirá que exagero pero le digo esto: no hay más trágico escenario que un amor no correspondido.

Esta bien, ya se que la historia se la han contado muchas veces y que parte de sentir que el mundo se viene abajo nace de la errónea noción de creernos únicos, cuando en realidad somos todos copias de lo mismo. 

Pero permítame aferrarme a la idea que el sueño mantiene a raya, la hipótesis que me asegura que en el mundo nadie hasta el momento ha añorado con tanto fervor como lo he hecho yo y que la cruz con la que cargo, con la que cargan los soñadores de cosas imposibles, nadie la ha llevado a cuestas con el mismo ímpetu con la que la transporto yo.

No sirve de nada, lo sé, pero se trata de mantener un poco de dignidad ante lo vergonzoso que es hallar el corazón desnudo.

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El día que se inventaron los besos a nadie le preocupó no saber hacia donde inclinar la cabeza.

Antes de que la gente supiera que los rostros se podían acercar, el amor eran dos manos que se sostenían con delicadeza presintiendo que algo hacía falta pero no sabiendo que. 

Pero ese día la noticia se esparció (de boca en boca) y dos parejas se encontraron en esquinas casi oscuras con manos que, sin ser obsoletas, ya no eran suficientes. 

Quien asegura que con el tiempo las cosas cambian seguramente no vio, en sus mejillas sonrojadas y en las miradas de reojo, el mismo anhelo de las parejas que ahora acercan sus labios en los tiempos que vinieron mucho después del día en el que se inventaron los besos.

¿La ves?

Es perfecta, ¿la ves? Aquella que va
cruzando la calle mirándose los pies.

Esa que parece que sigue el mapa de un tesoro que no sabes cual es pero que ya quieres para ti. Que tiene un librito bajo el brazo con poemas que de seguro te dedicó sin conocerte.

Si esa, ¿la ves?. No me la vayas a confundir con esa que se atrevió a
romperte el corazón aquella vez. Te digo que esa: la que se cubre
los ojos del resplandor del sol, la que corre al carro bajo la
lluvia, la que siempre se acordaría te cumpleaños y te felicitaría
con un beso en la mejilla al despertar.

Allá va.
Se toma el café rapidito pero no la culpes que de seguro tiene algo
que hacer- A veces le presta más atención al celular que al libro
de poemas por que la inspiración solo le llega en los 140
caracteres de un tweet.

De seguro escucha buena música, ¿no?. Y sabe de política, y de poemas, y filosofa más de lo que bochinchea.

Pero y si no, ¿qué?. ¿Y si escucha música mala y sabe más de televisión que de política y poesía?

Si no es perfecta, ¿qué?.

Poder

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A veces son solo eso: palabras.

Se te acercan, con la intención de tocarte, pero están tan lejos y desconectadas que solo son conjuntos de letras; propósitos puntuales y cosas que hay que decir.

Pero a veces, a veces dejan de ser palabras y se convierten en razones, en huracanes, en martillos que rompen o reparan corazones. Se transforman, crecen, viajan y se traducen y llegan con una lupita mostrándote pedazos de ti que no conocías; reacciones que no sabías que podías tener.

Sin que te des cuenta resulta que ahora son dedos que aprietan el botón que controla la fábrica de lágrimas que secretamente escondes detrás de tus ojos. Quién sabe como encontraron los planos para saber exactamente que la haría funcionar a toda marcha.

En ocasiones dices que amas las palabras, y las ves fluir y protegerte con certezas que solo ellas saben brindarte. Con perlitas de sabiduría de otros tiempos, de otros autores, que se vuelven tuyas: que a veces hasta sientes que se escribieron para ti.

Las amas y las odias al mismo tiempo: cuando te destruyen y cuando saben componerte, cuando no las encuentras y cuando te rodean demasiado.

Tan indispensables y complicadas que pareces necesitarlas hasta para pedir silencio.

Quiero.

Quiero recordarte a casa.

Recordarte los días en el que el tiempo se media en las horas en las que pasabas jugando y no en los breves momentos que tenias para descansar. Aquel tiempo donde no saber nada no importaba y la curiosidad se premiaba con besitos por que era más fácil distraerte que tratar de explicar el universo. Quiero que cuando me mires veas las posibilidades que se formaban cuando aquel regalo envuelto debajo del árbol te tentaba  y  quiero ser  la chispa que hace te nazca, en las puntas de los dedos de los pies, ese cosquilleo que nunca sabes como contener.

Quiero recordarte a casa.

Que el olor a café que se me escapa entre los labios sea tu despertador y que  tu mano encuentre la mía cuando un trueno interrumpa el ritmo de nuestra canción favorita. Quiero que mis brazos sean el refugio que no sabías que buscabas en las noches en las que pensabas que la tristeza no te embargaría; inoportuna y no deseada.

Quiero recordarte a casa.

Que la familiaridad que se forma entre nuestras vidas sea lo que más disfrutas de cada día. Que nunca le pierdas las ganas a aprovechar cada oportunidad de robar un beso a escondidas, protegidos bajo la oscuridad de una película o en aquel momento en el que los que nos rodean miran hacia otro lado: como un niño que siente que roba una pastilla en medio de un cumpleaños. Quiero que me hagas sonrojar y que el carmesí en mis mejillas te recuerde por siempre la primera vez que salimos o el primer momento en el que te atreviste a decirme que podrías hacer esto de estar juntos para siempre.

Quiero recordarte a casa… Quiero ser tu casa.