¿La ves?

Es perfecta, ¿la ves? Aquella que va
cruzando la calle mirándose los pies.

Esa que parece que sigue el mapa de un tesoro que no sabes cual es pero que ya quieres para ti. Que tiene un librito bajo el brazo con poemas que de seguro te dedicó sin conocerte.

Si esa, ¿la ves?. No me la vayas a confundir con esa que se atrevió a
romperte el corazón aquella vez. Te digo que esa: la que se cubre
los ojos del resplandor del sol, la que corre al carro bajo la
lluvia, la que siempre se acordaría te cumpleaños y te felicitaría
con un beso en la mejilla al despertar.

Allá va.
Se toma el café rapidito pero no la culpes que de seguro tiene algo
que hacer- A veces le presta más atención al celular que al libro
de poemas por que la inspiración solo le llega en los 140
caracteres de un tweet.

De seguro escucha buena música, ¿no?. Y sabe de política, y de poemas, y filosofa más de lo que bochinchea.

Pero y si no, ¿qué?. ¿Y si escucha música mala y sabe más de televisión que de política y poesía?

Si no es perfecta, ¿qué?.

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Poder

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A veces son solo eso: palabras.

Se te acercan, con la intención de tocarte, pero están tan lejos y desconectadas que solo son conjuntos de letras; propósitos puntuales y cosas que hay que decir.

Pero a veces, a veces dejan de ser palabras y se convierten en razones, en huracanes, en martillos que rompen o reparan corazones. Se transforman, crecen, viajan y se traducen y llegan con una lupita mostrándote pedazos de ti que no conocías; reacciones que no sabías que podías tener.

Sin que te des cuenta resulta que ahora son dedos que aprietan el botón que controla la fábrica de lágrimas que secretamente escondes detrás de tus ojos. Quién sabe como encontraron los planos para saber exactamente que la haría funcionar a toda marcha.

En ocasiones dices que amas las palabras, y las ves fluir y protegerte con certezas que solo ellas saben brindarte. Con perlitas de sabiduría de otros tiempos, de otros autores, que se vuelven tuyas: que a veces hasta sientes que se escribieron para ti.

Las amas y las odias al mismo tiempo: cuando te destruyen y cuando saben componerte, cuando no las encuentras y cuando te rodean demasiado.

Tan indispensables y complicadas que pareces necesitarlas hasta para pedir silencio.

Pedacito

En el mundo hay un rincón especial para las cosas que nunca te atreves a decir. Un pedacito de nada, tan presente y tan del otro mundo al mismo tiempo, donde archivas los sentimientos que no quieres reconocer y las palabras a las que preferiste nunca darles el peso que enunciarlas en voz alta les otorga.

Tanto archivar te ha dañado el corazón de maneras que no te gusta admitir. Así como cuando miras el cielo y el sol  solo parece servir para recordarte las veces que has intentado taparlo con un dedo. Y las tantas veces que no lo has logrado. 

Tienes el corazón lleno de tatuajes. De esos que empiezan como cicatrices. Creo que nunca supiste como curar cada herida o esperaste demasiado que llegara alguien que te enseñase como hacerlo. Siempre prometiendo no depender de nadie y jamás sabiendo como sobrellevar la soledad. 

En el rincón especial donde se guardan las cosas en las que que no queremos pensar, archivaste un pedacito de mi que no te pertenecía. Que dolor, ves, que nuestros encuentros fuesen recuerdos sin los que no te cuesta vivir.

 

La hermana de Cupido

Toda la vida le llamaron Amor.

Tanto que un día llego a pensar que quizá ese era su nombre. Que era un eslabón perdido, quizá la hermana de cupido, y que si quería que su vida tuviese sentido debía personificar la etiqueta que las circunstancias le habían otorgado.

Así que Amor lleno la maleta de cosas que no necesitaba para la misión suicida que se ha vuelto dar cariño. Acumulo logros, de esos que en papel se leen bonito pero que en la vida no importan, y recorrió la tierra buscando en todos los lugares equivocados ese pedacito de alma que le diera sentido a las cosas.

Amor se levanto todas las veces que le rompieron el corazón. Siempre un poquito más fuerte, pero siempre diferente. Remendó las heridas como pudo y busco un lugar distinto donde depositar ilusiones que no debía entregar en primer lugar.

A Amor no le llego el amor hasta que dejó de maquillar su corazón. Hasta que cada cicatriz fue su testimonio de las veces que había dado el  todo por el nada y de como, en el camino, había aprendido a apostarle al ganador de la carrera.

A Amor no le llego el amor hasta que dejó de buscarlo.

Quiero.

Quiero recordarte a casa.

Recordarte los días en el que el tiempo se media en las horas en las que pasabas jugando y no en los breves momentos que tenias para descansar. Aquel tiempo donde no saber nada no importaba y la curiosidad se premiaba con besitos por que era más fácil distraerte que tratar de explicar el universo. Quiero que cuando me mires veas las posibilidades que se formaban cuando aquel regalo envuelto debajo del árbol te tentaba  y  quiero ser  la chispa que hace te nazca, en las puntas de los dedos de los pies, ese cosquilleo que nunca sabes como contener.

Quiero recordarte a casa.

Que el olor a café que se me escapa entre los labios sea tu despertador y que  tu mano encuentre la mía cuando un trueno interrumpa el ritmo de nuestra canción favorita. Quiero que mis brazos sean el refugio que no sabías que buscabas en las noches en las que pensabas que la tristeza no te embargaría; inoportuna y no deseada.

Quiero recordarte a casa.

Que la familiaridad que se forma entre nuestras vidas sea lo que más disfrutas de cada día. Que nunca le pierdas las ganas a aprovechar cada oportunidad de robar un beso a escondidas, protegidos bajo la oscuridad de una película o en aquel momento en el que los que nos rodean miran hacia otro lado: como un niño que siente que roba una pastilla en medio de un cumpleaños. Quiero que me hagas sonrojar y que el carmesí en mis mejillas te recuerde por siempre la primera vez que salimos o el primer momento en el que te atreviste a decirme que podrías hacer esto de estar juntos para siempre.

Quiero recordarte a casa… Quiero ser tu casa.

Lo difícil

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Tiene problemas del corazón. Veras, es que le flecharon sin querer y ahora nada más le queda amar sin saber por qué.

El problema no fue la flecha; ni las horas dedicadas a filosofar sobre el amor y por que es que pasa cuando pasa. Lo difícil fue amarle. Amar esa cosa sin sentimientos, ni deseos; amarle por que se sentía como un instinto: como respirar, o dormir, o tomar agua para aplacar la sed.

Amarle por que algo dentro de su cuerpo, en un rinconcito más escondido y secreto que donde guardamos los deseos que no decimos en voz alta, le hacía sentir que aquello de quererle era un deber.

Lo difícil fue ver pasar las horas y sentir al amor igual de solo que cuando nació; ver la historia que imagino para sí sucederle a alguien más y tener que internar su corazón en algún hospital imaginario donde le tratasen de aquel terrible mal.

Tiene problemas del corazón. No es una historia nueva, lo ves, pero que débil le hace el querer sin saber por qué.

Vamos

Sentado en la esquina de un restaurante agachas la cabeza y te pierdes bajo el peso invisible que tus hombros ya no se atreven a cargar. Miras con intensidad la silla vacía frente a ti y adivino que le culpas por los problemas que te han hecho olvidar como era que se hacía para sonreír.

Vamos, juguemos a cambiar tu historia. A pensar que eres otro y que los días no son amargos y que las noches ya no son tristes; que el pasado es lo que es y que las horas no se te escabullen tratando de cambiarlo con el solo poder de la voluntad.

Juguemos a pensar que no odias pensar y a soñar que los sueños no son la principal fuente de tu tormento. Vamos, acompañame a imaginar que lo tienes todo resuelto por que no hay nada que resolver y que esta vida, que parece solo traerte contrariedades, no es la fuente de todos los malestares que se pierden entre las arrugas que se forman en tu frente cuando frunces el ceño.

Imaginemos que eres aquel que en el cafe sostiene la mano de una mujer hermosa, que besa sus nudillos con la ternura que un hombre enamorado no admite a sus amigos pero si a su madre. Imaginemos que el verde no lo relaciones con dinero y que cuando suena el despertador el sonido te recuerda las posibilidades del día, no los tormentos de la continuidad. Creamos que en la rutina encuentras el reconforte que brinda saber que la vida es buena por que vives y que para ser feliz no hace falta nada más.

Y antes de que la ilusión se rompa, salgo del restaurante sin volver a verte no soportando creer que la realidad que imagine para ti no se contagió en tu existir.