Poder

A veces son solo eso: palabras.

Se te acercan, con la intención de tocarte, pero están tan lejos y desconectadas que solo son conjuntos de letras; propósitos puntuales y cosas que hay que decir.

Pero a veces, a veces dejan de ser palabras y se convierten en razones, en huracanes, en martillos que rompen o reparan corazones. Se transforman, crecen, viajan y se traducen y llegan con una lupita mostrándote pedazos de ti que no conocías; reacciones que no sabías que podías tener.

Sin que te des cuenta resulta que ahora son dedos que aprietan el botón que controla la fábrica de lágrimas que secretamente escondes detrás de tus ojos. Quién sabe como encontraron los planos para saber exactamente que la haría funcionar a toda marcha.

En ocasiones dices que amas las palabras, y las ves fluir y protegerte con certezas que solo ellas saben brindarte. Con perlitas de sabiduría de otros tiempos, de otros autores, que se vuelven tuyas: que a veces hasta sientes que se escribieron para ti.

Las amas y las odias al mismo tiempo: cuando te destruyen y cuando saben componerte, cuando no las encuentras y cuando te rodean demasiado.

Tan indispensables y complicadas que pareces necesitarlas hasta para pedir silencio.

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