La hermana de Cupido

Toda la vida le llamaron Amor.

Tanto que un día llego a pensar que quizá ese era su nombre. Que era un eslabón perdido, quizá la hermana de cupido, y que si quería que su vida tuviese sentido debía personificar la etiqueta que las circunstancias le habían otorgado.

Así que Amor lleno la maleta de cosas que no necesitaba para la misión suicida que se ha vuelto dar cariño. Acumulo logros, de esos que en papel se leen bonito pero que en la vida no importan, y recorrió la tierra buscando en todos los lugares equivocados ese pedacito de alma que le diera sentido a las cosas.

Amor se levanto todas las veces que le rompieron el corazón. Siempre un poquito más fuerte, pero siempre diferente. Remendó las heridas como pudo y busco un lugar distinto donde depositar ilusiones que no debía entregar en primer lugar.

A Amor no le llego el amor hasta que dejó de maquillar su corazón. Hasta que cada cicatriz fue su testimonio de las veces que había dado el  todo por el nada y de como, en el camino, había aprendido a apostarle al ganador de la carrera.

A Amor no le llego el amor hasta que dejó de buscarlo.

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