Perdió la cabeza el amor

 

A sus pies un beso que no tiene dueño. Un afecto que no es de nadie pero a la misma vez es del tiempo. En su boca palabras que nadie escucha y en el pecho, donde va el corazón, un hueco sin nombre.

No le teme a la vida y la vida no le teme. Cree en ironías por que es una y por que en algo hay que creer. En la mano el reloj no le marca la hora pero si los momentos perdidos y en vez de aretes cuelgan de su oreja las palabras que nunca se atrevió a pensar. Lo suficientemente cerca como para burlarse pero siempre ocultas en el anonimato de la autopercepción.

Se viste de colores que no existen para eventos a los que nadie le invito y mirándose en el tocador sueña un peinado que nunca se hará por que solo vive en mi imaginación. Es que perdió la cabeza el Amor, divagando entre los espacios que dejan los que se dejan se extravió en el infinito y me dice que le ayude a regresar.

Pero no puedo. Le recluyó en el hospital que se ha vuelto el hueco donde va mi corazón y le pido que tenga paciencia: que algún día volverá a creer y recuperaremos la razón.

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La misión de escribir

Me he cruzado en el camino con mucha gente. Sus historias a veces se me entrelazan en la mente y cuando siento que el corazón se me quiere salir del pecho, ahogado con  la tristeza que a veces me contagian, recuerdo que tengo esto: mis palabras. Que puedo compartir sus historias, mis historias y los cuentos que a mitad de camino nazcan de la mezcla de realidad y ficción.

El reto es escribir. Aunque no quiera, aunque quiera excusarme diciendo que la inspiración no llega. Tu misión, lector, es guiarme por el camino correcto. Si crees que hay historias que valga la pena contar, compártelas conmigo.

Esto es el principio de algo que no se que es, pero suena interesante.